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2-Istoria ramane pasiunea mea nr-1.
Introducción
La historia de amor de Marco Antonio y Cleopatra VII es una de las más famosas no solo de la Antigüedad, sino de todos los tiempos. No en vano, en aquella época él era uno de los hombres más importantes de la antigua Roma y ella era la mujer más poderosa del antiguo Egipto, por lo que su relación no dejó indiferente a nadie. Si a eso sumamos la guerra civil que les enfrentó a Octaviano (el futuro emperador Augusto) y que desembocó al final en el suicidio de ambos, ya tenemos leyenda romántica para la eternidad. Así se ha reflejado en multitud de libros, pinturas, esculturas, películas, obras de teatro y hasta disfraces. Por ello, en este artículo vamos a ver un breve resumen de la historia real de Marco Antonio y Cleopatra hasta el inicio de la guerra civil romana.
Reunión en Tarso
Tras la victoria del Segundo Triunvirato en la batalla de Filipos (42 a.C.), Octaviano volvió a Italia para ocuparse del problema con Sexto Pompeyo y del asentamiento de los soldados veteranos mientras Marco Antonio permaneció en Oriente. Era sumamente urgente reorganizar las provincias y restaurar el orden y la estabilidad tras los malos años que habían pasado; si no, Oriente dejaría de ser el sinónimo de riquezas que había sido hasta el momento.
En este contexto de relaciones internacionales, en el año 41 a.C. Marco Antonio ordenó que la reina Cleopatra VII le visitara en Tarso (en el sur de lo que hoy es Turquía) para negociar el papel de Egipto en el nuevo panorama. Lo cierto es que esta no sería la primera vez que se verían, ya que Marco Antonio estaba en Roma cuando Cleopatra vivía su romance con Julio César en la ciudad.
Consciente de que su destino dependía de lo bien que le cayera al nuevo líder de Roma, Cleopatra decidió presentarse ante él con la mayor espectacularidad posible: llegó vestida como la diosa Afrodita a bordo de un lujoso barco con las velas púrpuras, la proa de oro y con remeros que manejaban remos con la punta de plata; todo ello acompañado de una música de flautas, oboes y liras.
El inicio de la relación entre Marco Antonio y Cleopatra
Tras varios días de espléndidas reuniones, Marco Antonio y Cleopatra se hicieron amantes y decidieron pasar juntos el invierno del 41-40 a.C. en Alejandría. En esos meses el triunviro y la reina vivieron un idilio repleto de banquetes, expediciones de caza, espectáculos deportivos, de teatro y de danza. Por supuesto, cada evento se hacía a una escala excesiva que buscaba lo visiblemente caro, extravagante y ostentoso. Asimismo, fruto de esta relación nacieron los primeros hijos de Marco Antonio y Cleopatra: los gemelos Alejandro Helios y Cleopatra Selene. Luego de tanta diversión y complicidad, en la primavera del 40 a.C. Marco Antonio regresó a Italia y no volvió a ver a Cleopatra en tres años y medio.
Es imposible saber hasta qué punto su amor era verdadero, pero es bastante probable que, al menos al principio, la conveniencia y los intereses jugaran un papel mucho más relevante que la pasión: él necesitaba el dinero y las provisiones que un país tan rico como Egipto le podía suministrar para sus futuras guerras; ella, tremendamente inteligente, ingeniosa y carismática, complació al romano no solo para conservar el poder, sino para lograr concesiones que devolvieran a su país al esplendor y la grandeza perdidos hace siglos.
En ese lapso de tiempo en que vivieron separados, Marco Antonio no estuvo quieto: al morir su esposa Fulvia se casó con Octavia, la hermana mayor de Octaviano, y rápidamente tuvieron dos hijas, Antonia la Mayor y Antonia la Menor.
La historia de amor de Marco Antonio y Cleopatra continúa
En el invierno del 37-36 a.C. la amenaza de los partos no podía demorarse más, por lo que Marco Antonio viajó hasta Antioquía (sur de la actual Turquía) e hizo venir a Cleopatra. Así, mientras el grano y la plata egipcia alimentaban y pagaban al ejército romano, la pareja reanudó su romance. Para cuando dio comienzo la guerra, la reina estaba preñada de nuevo y dio a luz a un niño, Ptolomeo Filadelfo, antes de que Marco Antonio retornara de su expedición con el peor fracaso militar de su carrera bajo el brazo.
Cabe destacar que Marco Antonio no vio a su esposa Octavia nunca más, y durante el resto de su vida pasó más tiempo con Cleopatra que lejos de ella. Sin embargo, el amor y la pasión que indudablemente tenían se combinaban con los intereses políticos y diplomáticos. Gracias a su relación, Cleopatra recibió Chipre, Creta y parte de la Cirenaica, Cilicia y Siria, lo que devolvía al Egipto ptolemaico al máximo apogeo de su poder territorial y escandalizaba en Roma.
Más tarde, en el 35 a.C., la situación se volvió más tensa aun cuando Octavia viajó a Atenas, llevando con ella soldados de refuerzo y provisiones, pero su marido no quiso verla y le dio instrucciones para que regresara a su casa. Desde ese momento Marco Antonio pasó a ser la víctima de una campaña de desprestigio y difamación por preferir estar con una «viciosa y bárbara» amante extranjera antes que con una «honorable y virtuosa» esposa romana.
Antonio y Cleopatra en las Donaciones de Alejandría
En el año 34 a.C. Marco Antonio capturó al rey Artavasdes de Armenia y, aunque la campaña había sido pequeña y sin batallas importantes, decidió celebrarlo por todo lo alto. Al regresar a Alejandría organizó una grandiosa cabalgata de la victoria que incluía al rey cargado de cadenas de oro junto a otros prisioneros y a él mismo vestido como el dios Dioniso en un carro espléndido supuestamente arrastrado por leopardos o panteras.
El momento álgido de la celebración fue cuando la comitiva fue recibida por Cleopatra, que los esperaba sentada en un trono de oro situado en lo alto de una plataforma ricamente adornada. No era un triunfo romano porque tenía muchos más componentes helenísticos, pero sus cada vez más numerosos enemigos enseguida lo utilizaron como una nueva arma arrojadiza con la que afianzar la idea de que Marco Antonio había traicionado al pueblo romano.
Otra ceremonia aun más estrafalaria —conocida como las Donaciones de Alejandría— tuvo lugar en el 34 a.C. En el gran gimnasio de la ciudad estaban el triunviro romano y la reina egipcia sentados juntos en tronos dorados colocados en un reluciente estrado plateado. Delante de ellos y un poco más abajo en tronos más pequeños, Cesarión (el hijo que había tenido Cleopatra con Julio César), los mellizos Alejandro y Cleopatra, y Ptolomeo Filadelfo.
Una vez estuvieron en sus sitios, Marco Antonio se puso de pie, dio un discurso y empezó a colmar de regalos a su «familia». Alejandro recibiría Armenia, Media y todas las tierras de Partia hasta la India; Ptolomeo sería rey de las posesiones sirias y señor de los reinos clientes de Asia Menor; y Cleopatra Selene gobernaría la Cirenaica y la isla de Creta. Por último, Cesarión fue nombrado Rey de Reyes, y su madre, Cleopatra, Reina de Reyes.
Marco Antonio y Cleopatra, enemigos públicos de Roma
Más allá de toda la pompa y el boato, lo más notable de las Donaciones de Alejandría es que no sirvieron para nada, ya que no hubo cambios en la administración de Oriente. Es muy difícil saber por qué Marco Antonio hacía lo que hacía, sobre todo teniendo en cuenta que era evidente que esta clase de actos simbólicos no le reportaba ningún beneficio y solo ayudaban a enterrar su ya mínima reputación en Roma.
Las criticas y los rumores contra Marco Antonio y Cleopatra crecieron sin cesar. Se llegó a decir que él era un borracho esclavizado por una siniestra reina oriental que le obligaba a hacer lo que quisiera gracias a sus dotes mágicas, o que daba preferencia a sus descendientes egipcios antes que a los romanos. También corría el rumor de que la pareja quería gobernar la República como un imperio personal, trasladando la capital de Roma a Alejandría.
Marco Antonio ya no era un romano, era solo un hechizado incapaz de negarle nada a su amante. De esta manera se justificó el inicio de una nueva guerra civil, con Cleopatra como gran enemigo. La reina era vista como poco menos que un demonio, una peligrosa bruja que estaba amenazando gravemente la existencia de Roma.
La demonización de Cleopatra era el tema constante de la propaganda. Para la gente era más sencillo creer que luchaban contra unos incivilizados bárbaros orientales que amenazaban gravemente a Roma que asumir que iba a estallar una nueva guerra civil entre caudillos romanos rivales. En el verano del 32 a.C., después de un ritual presidido por Octaviano, la República romana declaró formalmente la guerra contra el Egipto de Marco Antonio y Cleopatra.
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